Hace 11 años me compré
un piso en la plaza de José María Orense de Valencia. Está
ubicado en una plaza peatonal ajardinada, con alumbrado público, riego
por goteo, fuentes e incluso arqueta de riego con el símbolo del Ayuntamiento.
Pensé: ¡qué bien van a estar mis hijos! ¡qué
entorno más agradable!
Pues bien, de la noche a la mañana nos enteramos los
vecinos de que el jardín no es un jardín, sino un terreno propiedad
del Ayuntamiento, y que se va a construir un centro social para personas
con parálisis cerebral. La primera impresión es de sorpresa,
pero enseguida pienso que ese centro hace falta y me alegro de que se instale
en mi barrio, pero hay algo que no entiendo. Justo al lado de mi plaza hay
un solar que se está urbanizando, de igual superficie y con buenos
accesos; a 10 metros de la plaza hay más solares públicos.
No consigo comprender por qué se quiere eliminar una zona consolidada
de esparcimiento, donde juegan los niños (entre ellos mis hijos),
pasean las personas mayores y los vecinos se conocen haciendo amigos. Mi
sorpresa continúa cuando pienso que se va meter entre fincas de 14
y 20 alturas a unas personas con parálisis cerebral. El proyecto deja
la plaza convertida en cuatro callejones alrededor de una valla de dos o
tres metros, lo que me hace pensar en la inseguridad mía, y de mis
hijos, cada vez que entro y salgo de mi casa.
No entiendo nada, no sé por qué el Ayuntamiento
no se ha pasado por la zona, no ve el uso, y no ve la solución a un
problema que en mi opinión no debería ni haberse planteado.
Parece que va en contra de los ciudadanos y desea que nos quedemos en casa
encerrados. Hay soluciones. ¿Por qué no se instala el centro
en los solares que rodean la zona? Hace unos meses se ha acabado un instituto
en la calle del Serpis, a continuación hay otro solar, en la plaza
de Enrique Rambal, otro. Hay multitud. Existe solución, es sólo
voluntad de hacer de Valencia una ciudad donde todos los ciudadanos podamos
vivir.